martes, 19 de abril de 2011

Por donde y desde donde empieza todo.

  
  En 1875, cuatro años antes del descubrimiento en Europa de las pinturas de Altamira (inicialmente no consideradas como arte prehistórico) un ingeniero español Barhola rial Posadas en el Uruguay, copiaba cuidadosamente los diseños que veía en una enorme piedra y agregaba luego al pie de la lámina, sin ninguna duda, que ellos eran "diseños de indios".
Luego de este primera contribución (que marca el nacimiento de la primera etapa de la arqueología uruguaya), otros investigadores como Figuerido, Larrauri, De Freitas, Figueiras, Consens y Bespali, Pelaez y Consens han trabajado, publicando, revisando y descubriendo nuevos sitios en el resto del país. Como resultado de esas investigaciones, se conocen hoy decenas de sitios con pinturas y grabados. Los primeros ubicados al sur del Río Negro y los segundos al norte.




Brillante material de consulta este "Arte prehistórico en Uruguay" de Mario Consens. El cual no se limita a ser un catálogo de imágenes. Consens ahonda mucho más, expone la complejidad cultural, social y técnica de las centenas de generaciones que vivieron en el territorio uruguayo. Lejos de fanatísmos pro indigenistas.


Pictografía encontrada en río Chamangá, Durazno - Uruguay

La motivación comienza cuando hago este hallazgo, el hallazgo de un mundo prehistórico en mi propia tierra. Ignorado, ninguneado, ausente. Esto había que escarbarlo.     Petroglifos y pictografías con más de 17.000 años en el territorio uruguayo, me encantó y fascinó. Comienzo (sin saber mucho porqué) a recabar información,  buscar bibliografía y notas de prensa. Al cabo de un breve tiempo me aficiono al tema, encuentro otros con esa misma afición. Emprendo viajes a zonas de hallazgos, en la búsqueda de formaciones pétreas, pinturas e incluso cerámicas.

Arroyo Maestre Campo. Durazno - Uruguay


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