sábado, 21 de mayo de 2011

Evolución y síntesis II

 Ñandú (Avestruz americano)

Este que sigue es el Ñandú, conocido también como Avestruz americano.
Llamado Berá o Verá en lengua charrúa, (aborígenes que poblaron territorio uruguayo) de las pocas palabras que se han podido rescatar del vocabulario charrúa. El ñandú es un animal sagrado para muchas culturas aborígenes de sudamericana, sobre todo para el sur de Argentina, como los Mapuches, pero también para los Guaraníes. La leyenda de Nemec y Manic cuenta que el ñandu, escapando durante días de un bravo cazador (Nemec) consiguió levantar vuelo y así se convirtió en la constelación que conocemos como la cruz del sur, cabeza, alas y patas. Los charrúas interpretaron la misma constelación como la huella del ñandú.

Bicho en movimiento
http://www.youtube.com/watch?v=oK-sO8ymef8&NR=1

Ñandú en pradera.

 La pradera es su lugar más habitual, su silueta se superponere al cielo y la tierra, de ahí viene la denominación de mi obra entre cielo y pradera. Quizá también el agregado mágico fantástico de la leyenda del ñandú que consigue volar, esto sumado a su sutileza y velocidad al correr.
Este es otro animal de aspecto antiguo, de estos que parecen prehistóricos, de los que a mi me gusta llamar testigos del pasado, de los pocos sobrevivientes del "mundo charrúa". Resulta que aprendí más de su apariencia o anatomía de los libros de historia  que los de zoología. La imagen del bravo charrúa cazando con sus boleadoras (instrumento de caza arrojadizo) ñandúes, corriéndolos por las praderas.
Es acá también que mi búsqueda de síntesis comienza a través de la pintura, es el primero de los animales autóctonos que empiezo a estudiar. Como ya cuento en una entrada anterior es en la pradera en vivo y en directo donde los conozco en toda su naturaleza, no en los libros, ni en las reservas, cuando los veo correr espantados o enfrentándose furiosos a cualquiera que se acerque a sus crías. Animal de carácter variable si lo hay, tranquilo y sutil, furioso y veloz.
 
Ñandú pescador.
Oleo sobre lienzo. 110 x 58. 2004

 Así más menos se fue construyendo el ñandú para mí, sin ser fiel al original, intentando que tuviese rasgos comunes a eso que todos reconocemos como primitivo. Desde ahí surge el zig - zag de su cuello, en otras se le suma el círculo. En algunas pinturas es protagonista, estas imágenes están más cerca de lo maternal, patas a tierra, patas gruesas hechas nido. Cuando se hace presente solo con su cuello funciona más como coprotagonista de pinturas que están dentro de la serie Transitos, en las que interactúa con animales - personajes de la pradera, el río, el monte y el hombre.


Pareja de nómades. Oleo sobre lienzo. 116 x 81 cm. 2004


Detalle de Carnada II

Invasión. Oleo sobre lienzo. 157 x 64. 2004
En el volúmen, en este desafío tridimensional, el reto fue la síntesis, el intentó de llevarla más allá. También haciendo provecho del recurso del material. Siendo más que protagonista era obvio que se presentaría como una casi maternidad, o ave nido como más me gusta llamarle. Así que pensé en un material de tierra, que se leyera tierra, que hablara de tierra. Por eso la gres, una gres rústica, tosca, con mucha chamota, que da juego a diferentes texturas, desde lo casi liso a lo casi pedregoso. La ejecución en sí se planteó como otro reto, además de ser un material nuevo para mí, la construcción de una figura tan grande en partes fue toda una labor.

Ñandú nido (frente). Gres. 55 x 40 x 34 cm. 2011
Ñandú nido(detrás). Gres. 55 x 40 x 34 cm. 2011


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